martes, 5 de mayo de 2009

El Huevo de la Serpiente

Me pongo el parche antes de la herida: esto no es una crítica al objeto de estudio al que nos aproximaremos (en este caso, el filme El Huevo de la Serpiente, 1977), sino una reflexión que lo toma como referencia.
Como breve introducción: Abel y su cuñada Manuela Rosenberg, viven en la turbulenta Alemania de 1923 intentando escapar del inminente colapso del país traído por la creciente pobreza, la desesperación y la amenaza de una guerra. Las calles son un caos, sin moral, sin ley, y al parecer la misión más importante es mantenerse cuerdo.
La cuestión principal en El Huevo de la Serpiente es la deconstrucción del sujeto como una entidad con un sentido/propósito, y pasa a ser así un objeto, un instrumento. Al estar despojados de un sentido de vida (el trabajo, la certeza de una estabilidad estatal, etc, las instituciones que nos han domesticado y nos han acostumbrado al correcto funcionamiento de sus mecanismos, y ahora, el enfrentamiento de su colapso), los sujetos son arrojados a la condición de un sinsentido, de una finitud (sólo se trabaja, sólo se gira alrededor del marco, ahora en plena depreciación) que no soportan, y, ¿qué sucede? Lo más obvio, olas de suicidios, histeria colectiva y el surgimiento, en este caos absoluto, de una reformulación en la concepción del hombre y el método cognitivo.
¿Qué es esta reformulación? Las ramas del conocimiento científico, a raíz de esta crisis, también se conciben a sí mismas como finitas y debe existir por tanto un desplazamiento crítico respecto a sus métodos. Aquí ya ha nacido la noción de la Racionalidad Instrumental, y se exacerba el positivismo científico al punto de trasladar al hombre mismo a una esfera de utilidad en tanto que también puede ser diseccionado para el nuevo propósito: que la raza humana se supere a sí misma. Nacen los experimentos con seres humanos, que, como le explica el personaje del doctor Hans Vengerus a Abel, no son violentados o inducidos a participar de los experimentos, sino que voluntariamente deciden romper con el sinsentido de sus existencias para volver a su propia condición instrumental, sólo que ahora de una naturaleza mucho más salvaje. Lo terrible de esta reformulación es que responde a una lógica concebida en su tiempo como el epítome de la razón (en el largo tránsito mencionado por Geraldy en el camino de la filosofía del conocimiento, Sensación, Entendimiento y Razón, y en este caso, la Razón llevada a su límite peyorativo). Tomando entonces la pregunta formulada anteriormente en este blog por Nicolás, y llevándola a este contexto donde también se afirma la existencia de leyes o códigos naturales del hombre como entidad fisiológica expando: si dichas leyes naturales existen y somos gobernados por ellas, ¿hasta qué punto es posible llegar para conocerlas? ¿Y, más aún, dominarlas?

Dejo, en caso de que alguien quiera trabajar también en base a esta interesante afirmación, la interpretación del título del filme a cargo del doctor Vergerus: la realidad y el futuro son como un huevo de serpiente: a través de su fina membrana ya es posible ver notoriamente la presencia de un reptil bien formado. Por tanto esta reformulación actúa sabiendo las consecuencias del contexto en que actúa, anticipándose a lo que se necesita para nuestra mejora (como raza), y preparándose para los fracasos que se producirán.

1 comentario:

  1. Querido Carlos:

    Entiendo tu punto, no he visto la peli y me gustaría asi que si tienes una copia please préstamela!! y creo que esto se vincula con el post de nicolás a propósito del p0ositivismo científico del siglo pasado y podemos contrastarlo con el análisis filosófico sobre el lenguaje y el conocimiento... no sé si les tinca!!


    saludos

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