viernes, 3 de julio de 2009

Sobre el fracaso de la ciencia como proyecto cognoscitivo.

La ciencia como producción de sentido mediante su proyecto último del conocimiento racional halla su expresión más álgida en el período de la Ilustración a partir del pensamiento de Kant. La ciencia como tal ve su propósito reivindicado y se concreta como máximo exponente de la búsqueda por el conocimiento mediante el uso incisivo de la razón, motivación primordial del movimiento en cuestión. Kant expone en su elocuente texto ¿Qué es la Ilustración? (1784) su remarcada ideología dándole énfasis a la necesidad por hacer que los hombres hagan uso de su facultad de razón; la ciencia, como epítome en este aspecto, multiplica significativamente sus alcances (surge la enciclopedia y la necesidad de crear y mantener un registro accesible de los conocimientos que ha adquirido el hombre a través de la historia) y su rol en la sociedad adquiere características protagónicas en tanto que le ofrece los hombres un sentido concreto en el progreso científico como aprendizaje y dominación de cuanto estudia. La promesa del conocimiento se cristaliza más fehacientemente que nunca y el proyecto científico deviene producción de sentido.
En una segunda lectura, hacemos un alcance a la reflexión desarrollada por Habermas en relación al avance del Estado por sobre la esfera de la vida privada, esto como condición de posibilidad para que las ciencias se erijan como un proyecto conjunto que dote de sentido a toda una sociedad. El nacimiento del Estado trae consigo la configuración de una administración que se hace cargo de los asuntos “públicos”, esto es, los asuntos de interés común a todos los ciudadanos -la ciudadanía se ha masificado, ya no se trata de una condición tan exclusiva como lo fue en la época clásica- el crecimiento de la población junto con la expansión del capitalismo hacen necesario que las funciones del Estado se multipliquen sistemáticamente. El desarrollo profesional otrora privado, se incorpora a dicha administración y entonces servicios como la medicina poseen un mayor alcance, esto trae consigo el surgimiento de un espacio denominado “opinión pública” que consiste en un diálogo constante entre los sujetos en pos del mejoramiento del proyecto social. De lo anterior se desprende que, la investigación científica se establece como campo de conocimiento que además es de dominio público.
Otro ejemplo de cómo ciertas ocupaciones que antes concernían exclusivamente a la vida particular, se transforman en proyectos sociales que movilizan a una gran cantidad de personas en el mundo otorgándoles un sentido y un objetivo, es el caso de la economía social. Para Arendt, por ejemplo, la sociedad moderna erige la entidad del Estado otorgándole autoridad sobre los hombres en la medida en que se hizo necesaria una reglamentación conjunta para las relaciones comerciales, es decir, a partir del desarrollo de la producción industrial. El problema aparece tempranamente manifestándose en el hecho de que estas nuevas organizaciones se reconozcan a sí mismas como una gran familia dado que con esto traen, al espacio de la discusión pública, un tema antes exclusivo de la vida privada (oikía): la economía, al respecto comenta Arendt: “El conjunto de familias económicamente organizadas en el facsímil de una familia superhumana es lo que llamamos sociedad, y su forma política de organización se califica con el nombre de nación” .
Ya en el siglo XX se pone en duda el proyecto ilustrado y los fundamentos y los efectos prácticos que conlleva, declarándose ya caduco. La Escuela de Frankfurt confiere a ese proyecto una noción de razón instrumental causante de las desgracias más grandes de la humanidad en los últimos tiempos. Los pensadores posmodernos consideran extinguida la razón moderna. Nuestra cultura ha desarrollado el alcance de la razón instrumental y se ha acentuado una suerte de subjetividad de las creencias morales. La razón instrumental es aquella razón que sólo se ocupa por optar los medios más convenientes para fines ya dados; esta sociedad racionalizada somete hasta al mismo hombre, que termina por ser un mero medio, es decir, un instrumento.
Los valores de la independencia, la libertad del individuo y el distanciamiento reflexivo, con respecto a las costumbres del pasado, son vistos como las causas de los males del sistema contemporáneo. Acá ocurre el "fracaso" de la Ilustración, la actual razón histórica está relacionada con el rechazo moderno de la tradición aristotélica. Nuestra cultura considera a toda moral como una expresión subjetiva. ¿La moral puede considerarse como un asunto privado, alejado de la “ neutralidad” de la vida pública? Comprendiendo que la neutralidad es una característica que exige la ciencia moderna. Ya la moralidad no es vista como una ley meramente natural, se le impuso un modelo de racionalidad científica. Es necesario citar a Nietzsche ya que sostiene que toda moral es una especie de máscara, una ficción que se ha vuelto la carne moral del hombre moderno. Nietszche en una obra investiga y analiza el origen de esos prejuicios, con el fin de mostrar su carácter de ficción.
Se ha criticado a la razón ilustrada sus nefastos efectos prácticos, el exagerado individualismo moderno, la ficción moral a la que la Ilustración pretendió dar fundamentos racionales y la existencia misma de esos fundamentos. ¿Pero es honesto acusar de todos los males a la razón, como si la razón fuera responsable de actos irracionales cometidos?
El debate ilustrado expone un dilema, compuesto por dos opciones extremas. O bien, siguiendo a Nietzsche, que piensa que todo fundamento moral es una ficción y se adopta un escepticismo demoledor, o bien, siguiendo a Kant donde propone los esfuerzos por construir un fundamento válido de manera universal. Pero los riesgos del fracaso de esta última opción encierran, la caída en el emotivismo, la disminución de los valores morales a una elección subjetiva e incluso la excusa de la fuerza.
La conciencia científica respecto a la futilidad de su proyecto positivista, es decir, aquella resignación que se hace necesaria al admitir que la búsqueda de la verdad es una falacia y que sólo se puede remitir a explicar el funcionamiento de los fenómenos, desplaza aquella producción de sentido hacia una esfera de incertidumbre. El conocimiento en tanto que fin último desaparece –con él el sentido- y somos testigos de una reconcepción –o más bien, reconcientización- del hombre como un sujeto sin más arrojado a la existencia, que carga en sí un defecto ontológico y estructural gestado en base al estar caído, al ser-para-morir. La culpa y la deuda existencial a la que está atado el sujeto arrojado devienen de aquella escisión del ser que resulta en un cuestionamiento grave de la existencia de los entes, de las cosas del mundo –hablando ya en términos estrictamente heideggerianos-; el flotar a la deriva de la existencia y el sinsentido, el asumir que el sentido es una producción y que el hombre vive para morir, son los acentos más prominentes respecto al fracaso de la ciencia como razón unívoca y batuta del progreso, ya que la figura principal que guiaba el proyecto del conocimiento se reconoce fútil y, al estar enterados de este fracaso, es cuando se derrumban todas los preceptos previos que habían querido instaurar Kant y la Ilustración.
Uno de los acentos a rescatar del planteamiento de Heidegger dice relación con su preocupación de que el hombre sea capaz de plantear la pregunta por el ser haciéndose transparente a si misma, esto es, reconociendo que el ente que pregunta determina el modo de preguntar: “El ser se encuentra en el hecho de que algo es y en su ser-así, en la realidad, en el estar-ahí” , comenta Heidegger.
La importancia del reconocimiento del lenguaje en tanto que medio, radica en el hecho que hemos de comprender que nuestro modo de habitar determina el modo en cómo configuramos la realidad y que, allí donde dejamos de vivir el lenguaje como experiencia estética- en su sentido primordial relativo a la aesthesis- es porque lo hemos naturalizado de manera tal que tomamos las representaciones que éste hace del mundo, como si se tratase de la realidad en sí misma.
Si el modo de ponernos en relación con las cosas está mediado por nuestra experiencia, y si dicha experiencia es manifestada a través de un determinado lenguaje, sucede entonces que la articulación que hagamos de la realidad por medio del lenguaje no se condice necesariamente con la verdad de lo que las cosas son como era el ánimo positivo. Es más, los medios de comunicación en su condición virtual, esto es, constituyéndose en su acontecer en el tiempo poseen tal efecto de shock que las distancias entre texto y visión critica se estrechan sistemáticamente de modo que las manifestaciones mediáticas han reemplazado la experiencia inmediata por la experiencia mediada donde vivo la representación como si se tratase del ente en sí mismo, de manera que habito en el discurso de alguien más, alguien que posee un interés de dominación.
Finalmente, llamar la atención respecto de la problemática de la experiencia virtual implica una reflexión a propósito de las formas de dominación que nos resultan cotidianamente imperceptibles. Estamos habitando en una condición de esclavitud en tanto vivimos para trabajar y sin embargo, se trata de la peor clase de esclavitud, aquella que nos hace creer que trabajamos para nuestra libertad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario